SILENCIANDO LA VOZ DEL PUEBLO

Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. Albert Camus

Según un informe de la Fundación Para la Libertad de Prensa (FLIP), en Colombia desde 1977 han sido asesinados 139 periodistas.


Por: Mauricio Cárdenas 

(Foto-AFP)
Ante la noticia del presunto secuestro del periodista francés Roméo Langlois, por parte de la guerrilla de las FARC, la cual tiene a Colombia otra vez en el ojo de la prensa internacional, EXTRA quiso devolver unas páginas de la historia y poner sobre la mesa algunos casos que se han presentado en el país contra el oficio de informar.
En el país, desde mucho tiempo atrás, se ha venido librado una lucha contra la publicación de la información. Los grupos armados ilegales, como las guerrillas, el paramilitarismo y las actúeles Bacrim, brazo paramilitar, han asesinado, secuestrado, amenazado y silenciado a cientos de profesionales de la comunicación. Lo mismo han hecho los actores “legales” como políticos, funcionarios públicos y hasta la fuerza pública del país. Los capos de la droga, con su llamado grupo criminal llamado “Los Extraditables”, en los años 80’s y 90`s mostraron su furia contra la prensa colombiana que hablaba en favor de la figura de la extradición. Por tal razón se dio el secuestro de Francisco Santos y Maruja Pachón, así mismo el secuestro y asesinato de Diana Turbay.
Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), sobre el estado de la libertad de prensa en Colombia, publicado a comienzos del 2012, desde el 1977 se han presentado en el país 139 casos de periodistas asesinados, de estos han prescrito 57 y solamente ha habido 17 sentencias condenatorias. Esto indica, según el informe de la FLIP,  que en materia de justicia en los casos contra el periodismo se ha obtenido el paupérrimo 12 por ciento de efectividad en materia de impartir justicia en dichos casos.
La forma más utilizada por los actores para intentar coartar la libertad de expresión de los comunicadores es la amenaza, le sigue la obstrucción al desempeño de la labor periodística y el trato degradante al comunicador. Aunque el asesinato a informadores ha visto su reducción no deja de ser preocupante que al comunicador lo asesinen por el simple hecho de hacer su trabajo y ejercer su profesión.
Los comunicadores y periodistas exigimos respeto por el ejercicio de nuestra labor. El periodista, como periodista no está del un lado o de otro, el periodista está en la mitad de los actores, con la única intención de obtener la información para darla a conocer de la forma más veraz  posible.


Tristes Historias

Entre los casos más representativos que se han presentado en Colombia de agresiones directas contra comunicadores podemos mencionar varios. Estos, en vez de amedrentar la prensa colombiana, le han dado fuerza a los profesionales para unirse y luchar en conjunto contra las fuerzas del mal, como notablemente lo hizo el periodismo de los 90’s cuando el narcotráfico quiso imponer su mano criminal contra la información. 



Jaime Garzón Forero 
                                            "Mataron la verdad y la risa"

(Foto-Archivo)
El 13 de agosto de 1.999 sicarios, ordenados por Carlos Castaño jefe de las Autodefensas Unidad de Colombia (asesinado en 2004, al parecer, por órdenes directas de su propio hermano Vicente Castaño), asesinaron en el barrio Quinta Paredes de Bogotá, al periodista, humorista, abogado Jaime Garzón.
Garzón en la década de los 90 se convirtió, gracias a su irreverencia y talento, en una bandera para denunciar la corrupción  y los malos pasos de las maquinarias políticas, sociales y económicas del país, así como también el desangre y la guerra estúpida que los grupos delincuenciales mantenían.
Garzón, “al parecer”,  fue una víctima del estado colombiano que se vio atacado por las verdades que Jaime, con sus innumerables personajes sacaba a la luz pública.
La justicia en este caso ha estado estancada. El único acusado y condenado por su crimen ha sido hasta ahora un muerto, Carlos Castaño. Hay voces que indican que el asesinato de Jaime Garzón, fue un favor que Castaño les hizo a alto militares de aquella época y a políticos que veían en Jaime un enemigo contundente que podría poner en su contra al pueblo colombiano.
José Miguel Narváez ex subdirector del DAS, preso actualmente por el proceso de las ‘chuzadas’, fue acusado por el ex paramilitar Jorge Iván Laverde, alias El Iguano, de instigar a Castaño para que asesinara al periodista y humorista.



Diana Turbay
                                        "Asesinada por el narcotráfico"

El 30 de agosto de 1990 los periodistas Diana Turbay, Azucena Liévano; Hero Buss, un articulista alemán, y un camarógrafo cayeron secuestrados en manos de ‘Los Extraditables’, un grupo conformado por los capos del narcotráfico, que buscaba que el gobierno de Cesar Gaviria, tumbara el tratado de extradición.
Turbay y su grupo de acompañantes fueron engañados con una supuesta entrevista que le harían al Cura Pérez, comandante ideólogo del ELN. Esa farsa la montó el propio capo Pablo Escobar.
(Foto-Archivo)
La muerte de Diana fue el 25 de enero de 1991, cinco meses después de su secuestro. En una operación militar que al parecer tenía como objetivo el rescate de la comunicadora. Ella recibió un disparo que comprometió su hígado y riñón. Según el gobierno de ese entonces, ante la lluvia de críticas por la acción militar, dijo que no fue ningún operativo de rescate y que los militares se encontraron, sin saberlo, con los captores.
Después de hallarla gravemente herida, fue trasladada en un helicóptero de la policía al Aeropuerto Olaya Herrera y de ahí al Hospital General de Medellín donde tres horas después de haber ingresado al centro asistencial falleció.
En esa misma época fueron secuestrados y luego puestas en libertad los periodistas Francisco Santos Calderón y Maruja Pachón.


Don Guillermo Cano Isaza
                                                            "Seguimos adelante"

(Foto-Archivo)
El golpe más duro que el narcotráfico le quiso dar a la libertad de prensa fue el asesinato del director del Diario El Espectador, don Guillermo Cano, pero no lo logró ese crimen fue la ‘gota que rebosó la copa’. Los comunicadores de aquella época se unieron a favor de la prensa y no se amilanaron ante los ataques del los criminales. “si van a matar a uno, nos tienen que matar a todos” era la consigna del periodismo después de aquel hecho.
El crimen ordenado por la mano criminal de Pablo Escobar ocurrió el 17 de diciembre de 1986. Cano siempre mostró en las páginas de su medio de comunicación su rechazo al narcotráfico y su apoyo a la extradición. Tenía 61 años al momento de su muerte, 41 de estos dedicado al oficio periodístico.
Su fuerte crítica a los problemas que enfrentaba el país en aquel momento como corrupción, narcotráfico, violación a los derechos humanos por parte de sectores empresariales, mafiosos y políticos, y sobre todo su pelea directa contra los carteles de la droga llevó a que por órdenes de Escobar fuera silenciado.
El 2 de julio de 2010, la Fiscalía declaró el homicidio de Cano como delito de lesa humanidad, al considerar que fue una acción sistemática y generalizada contra el Diario El Espectador. 
Tres años después del asesinato el narcotráfico volvió a arremeter contra El Espectador, una bomba con 135 kilos de dinamita estalló frente a las instalaciones del Diario y destruyó parte de sus instalaciones.

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